Muchas mamás notan como sus hijas, entre los dos
y tres años de edad, se convierten en pequeñas mujercitas y vuelcan en sus
papás toda la atención y mimos, despreciando, en ocasiones a mamá.
La clave es entender que se trata de un proceso
evolutivo normal, necesario, transitorio y que exige la madurez de los padres
para resolver con naturalidad.
Desde los tres años hasta los cinco años las
niñas comienzan a construir una serie de fantasías románticas hacia la figura
del padre. Comienzan a idealizarlo, a querer estar mas cerca de él, y vemos que
esta etapa es en la que empiezan a rivalizar con la madre, precisamente por esa
atención, ese deseo y ese amor del padre. Comienzan a tener esa fantasía de
convertirse un poco en la novia de papá. Esto se puede ver claramente cuando la
niña intenta estar más cerca del padre e intenta excluir un poco a la madre y
hace comentarios de que ella quiere ser la novia de papá.
En esta etapa cobra mayor importancia el
papel de la madre en la dinámica familiar, ya que será importante cómo se
gestiona la actitud de a niña. Una profesional, una psicóloga explica que es
importante que la madre sepa “recolocar” a la niña dentro del sistema familiar,
dentro de los roles que cada persona ocupa en esa dinámica, y para esto deberá
excluirla un poco. Explica que es importante porque, a partir de este
reconocimiento simbólico, la niña entiende que, “aunque desee al padre de esta
manera y aunque el papá la quiera mucho, no puede satisfacer ese deseo de
tenerlo como una pareja, porque ese lugar no le corresponde”.
Explica además que pasan cosas buenas para
el desarrollo de la pequeña a partir que la madre pone determinados límites y
la re encamina en el rol de hija solamente. La especialista comenta algunos
beneficios de esto:
t Se
favorece un proceso que le ayuda a madurar y a conseguir muchos hitos a nivel
del desarrollo.
t Puedes
enseñar a tu peque a tolerar la frustración, ya que comienzan a poder gestionar
la frustración de no poder cumplir o satisfacer todos sus deseos y necesidades.
t Es
un momento en el que aprenden a tolerar la frustración y la exclusión, lo cual también
favorece en el futuro a nivel de pareja
y en cómo gestionan esas posiciones de exclusión.
t A
partir de esta frustración, comienzan a configurar lo que es el mundo de las
normas y los límites.
t Empiezan
a adaptarse a estas imposiciones a nivel social y cultural.
t Comienzan
a incorporar de otra manera lo que son las normas y los límites hasta dónde
puede llegar en la satisfacción de sus deseos, en lo que quieren según en lo
que pueden hace en sus sociedad.
En todos estos momentos, se consolidan, elementos
fundamentales para el desarrollo de las niñas, asegura la especialista. Por lo
que es importante mantenerse firme como mamá. Estarás dando una lección importante,
para su vida adulta, lo que enseña a tu hija a gestionar sus emociones y lo
que, sin duda, será de utilidad para sus vínculos como adulta.

